Algunos de mis compañeros de escuela aún recuerdan que, desde entonces, yo solía decir que un día tendría mi propio hotel. Quizás fue ahí cuando se plantó la semilla de este sueño, guardada silenciosamente en algún rincón de mi memoria, esperando el momento adecuado para cobrar vida. Ese momento llegó 35 años después, enriquecido por toda una vida dedicada al turismo.
Mi camino en la hospitalidad comenzó a mediados de los años 90 trabajando en hoteles, sumado a más de 30 años en la operación de tours, principalmente en el área de ventas. Mi labor consistía en convencer a los operadores turísticos internacionales de que Costa Rica merecía un lugar en sus catálogos: primero como un destino alternativo, luego como uno de moda y, finalmente, como un lugar verdaderamente aspiracional para visitar.
A través de mis viajes de negocios por el mundo, aprendí a ver a mi país con ojos diferentes. Costa Rica es mucho más que paisajes impresionantes. Su belleza natural despierta los sentidos, pero su mayor fortaleza reside en su gente: la calidez, la amabilidad y ese inconfundible espíritu Pura Vida que hace que los visitantes se vayan con una sonrisa y regresen a casa sintiéndose renovados.
En el año 2000, elegí Llano Bonito de Naranjo como mi hogar. Un pequeño pueblo de montaña rodeado de pastizales verdes, bosques exuberantes y vistas panorámicas del Valle Central y sus volcanes. Pero, sobre todo, es un lugar moldeado por gente humilde, trabajadora y genuinamente cálida. Es donde mi madre fue maestra en la escuela local y donde creció la familia de mi padre. Llano Bonito siempre ha sido parte de lo que soy.
A lo largo de mi carrera, tuve el privilegio de visitar más de 60 países. Conocí paisajes extraordinarios, destinos de ensueño y personas que hoy son amigos cercanos. Sin embargo, en cada lugar, me encontraba deseando crear un espacio donde personas de todo el mundo pudieran descubrir la belleza de Llano Bonito de Naranjo.
Así fue como el sueño fue tomando forma lentamente. Y como todos los sueños significativos, requirió de mucho trabajo, noches sin dormir y sacrificios que, de alguna manera, nunca se sintieron dolorosos. En 2015 abrimos el restaurante; seis meses después, nuestras primeras tres habitaciones; y un año más tarde, las doce habitaciones que hoy conforman Chayote Lodge.
Chayote Lodge es un lugar especial. Un hotel boutique de montaña en Costa Rica, construido con amor e intención, lejos de las multitudes y el ruido. Un lugar donde el silencio se siente reconfortante y donde el reencuentro con uno mismo sucede de forma natural.
Los sueños se hacen realidad cuando se construyen con el corazón. Y la parte más hermosa de soñar y crear es compartirlo. Chayote Lodge existe para que usted también encuentre un lugar donde vivir sus propios sueños.