A tan solo cinco minutos de Chayote Lodge, lejos de cualquier ruta turística convencional, nos reciben en su casa don Carlos y doña María. No es una finca abierta al público en el sentido tradicional; es, ante todo, un hogar. Un lugar donde el café no se explica solo como producto, sino como herencia, trabajo diario y forma de vida.
Don Carlos y doña María pertenecen a una familia cafetalera que, generación tras generación, ha cultivado uno de los cafés más reconocidos de Costa Rica: Café Arbar. Aquí, cada planta tiene historia, cada grano tiene nombre y cada cosecha es el resultado de paciencia, conocimiento y respeto por la tierra.
Junto a su casa han instalado un pequeño microbeneficio. Allí se encuentran las tradicionales camas africanas donde el café se seca lentamente al sol, siguiendo procesos cuidados y sostenibles. El recorrido se realiza acompañado por un guía profesional, pero es doña María quien se roba el corazón de los visitantes. Ella es la anfitriona estrella: cercana, generosa y siempre dispuesta a compartir historias mientras el aroma del café recién tostado flota en el aire.
Durante la experiencia, el visitante aprende todo el ciclo del café: desde la semilla y el cultivo de las plantas, su cuido a lo largo de los años, datos curiosos que solo quienes viven del café conocen, hasta el momento de la cosecha. Se observa cómo se recolectan los granos, cómo se procesan — lavado, secado, tostado y molido — y finalmente cómo se empaca para enviar a las manos de quienes sabrán apreciarlos.
El recorrido va más allá del café. En la finca también se descubren plantas medicinales, gallinas y otros animales domésticos, así como un sistema de compostaje con gusanos que permite producir abono orgánico, cerrando un ciclo respetuoso con la naturaleza. Todo ocurre de manera sencilla, sin discursos forzados, parte de una vida vivida en armonía con el entorno.
El paisaje acompaña cada paso. Desde la finca se abren vistas a campos verdes, al Valle Central, a la cordillera volcánica y a extensas plantaciones de café que dibujan el carácter de esta región. Es un escenario que invita a detenerse, respirar y observar.
El cierre del recorrido es tan simple como memorable. Doña María prepara café utilizando el método de café chorreado, el más tradicional de Costa Rica. Sin prisa, sin artificios. Solo agua caliente, café recién molido y una conversación que fluye de manera natural.
Este coffee tour es una experiencia auténtica, profundamente off the beaten path. Tiene un enorme valor cultural y refleja, de forma genuina, principios de responsabilidad social y sostenibilidad. Más que una actividad, es un encuentro: con las personas, con la tierra y con una tradición que sigue viva en las montañas de Llano Bonito.
En Chayote Lodge creemos que el verdadero lujo está en estas experiencias sencillas y reales, esas que no se olvidan porque se sienten. Y este café, compartido en casa de don Carlos y doña María, sabe exactamente a eso.


